LA MUSICOTERAPIA: UNA TERAPIA ALTERNATIVA

Todo empezó hace unos años. Con tan sólo 14 años decidí ser psicóloga porque ya era muy observadora y me gustaba escuchar y ayudar a las personas. Unos años más tarde, entré en la Facultad y me licencié en Psicología por la Universitat de Barcelona.

Era entonces cuando empecé a plantearme mi orientación psicológica y no acaba de encontrar ninguna formación que me convenciera. Me di cuenta que había algunos pacientes a los que la terapia convencional no funcionaba y que se necesitaba otro tipo de práctica para lograr resultados eficaces. Así que, un día me fui a informar sobre la musicoterapia ya que me interesaba saber si se podía llegar con ésta a todo tipo de personas y edades. Y así fue. Los requisitos eran tener conocimientos básicos de música y estar licenciado en psicología y, por tanto, encontré genial poder juntar mis dos pasiones en una, ya que yo había estado estudiando piano y solfeo en el conservatorio y cantando en corales desde los 8 años.

Estuve formándome en el máster de musicoterapia de la Universitat de Barcelona durante dos años dirigido por Núria Escudé donde tuve grandes profesores especializados en todo tipo de patologías como musicoterapia en fibromialgia, musicoterapia aplicada en el ámbito social, musicoterapia en geriatría, recursos psicocorporales, etc.

Colaboré en el ICMT (Institut Català de Musicoteràpia) situado en Barcelona, dirigido por Núria Escudé con niños entre 5 y 8 años con Trastorno del Espectro Autista, Síndrome de Down y Síndrome de Williams (tipo de autismo pero con grandes habilidades musicales), tanto en sesiones individuales como grupales. Hice un seguimiento durante 6 meses a un grupo de cuatro usuarios con los síndromes anteriormente mencionados: dos niñas de 7 y 8 años respectivamente con Síndrome de Down, uno de 7 con Síndrome de Williams y TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) y una niña de 5 años con un autismo muy leve. Aunque las tres patologías parecen muy dispares el grupo era homogéneo.

La musicoterapia nos permitió trabajar en tres áreas: la emocional, como la expresión de sentimientos y los estados de ánimo, establecer la comunicación y enriquecer la experiencia vivencial a través de vivencias musicales; la cognitiva, como fomentar la concentración y la atención, estimular y desarrollar la memoria y, por último, el área motriz, como el desarrollo de la coordinación cuerpo-movimiento, utilización del cuerpo como movimiento de expresión, etc. Estructurábamos la sesión en tres partes: inicio-bienvenida, desarrollo y cierre- relajación de una hora de duración un día a la semana.

Para llevar a cabo estas sesiones realizadas en el Institut utilizábamos todo tipo de instrumentos como los llamados instrumentos Orff: claves, maracas, bongos, xilófono o instrumentos más clásicos como el piano de cola, la batería, cadena musical, palo de agua, etc. También utilizamos música grabada, especialmente para las relajaciones. Básicamente, nos informamos, en este caso, gracias a los padres, del historial musical del usuario: cuáles son sus canciones favoritas, si hay alguna que le produce intranquilidad y las utilizamos en las sesiones dependiendo de los objetivos establecidos previamente que queremos cumplir. En musicoterapia no existen recetas. Realmente, aquí el caso más sorprendente de los cuatro, fue el de una niña con Síndrome de Down que se situaba siempre en un rincón de la sala de cara a la pared, y al cabo de los meses se relacionase con los terapeutas y sus iguales y participaba de manera activa y entusiasta.

En este tipo de pacientes la musicoterapia es más efectiva porque la música accede a área emocional de manera directa y no interviene de manera predominante el hemisferio izquierdo (área del habla), que es el utilizado en terapias convencionales, sino que entra por el hemisferio derecho, creando así conexiones entre ambos hemisferios, como es el caso de una niña de 5 años con autismo que no hablaba; transcurridos 6 meses conseguimos que dijera todas las vocales gracias a sus canciones favoritas. Se lo explicamos a la madre y lloraba de alegría.

Por otro lado, quise completar mi formación cruzando el charco. Estuve en Manhattan (Nueva York) colaborando para el hospital Beth Israel Medical Center visitando todas las Unidades del hospital bajo la dirección de la prestigiosa Joanne Loewy. Allí pude ver como el musicoterapeuta podía trabajar desde neonatos hasta paliativos y en todas las áreas del hospital: pediatría, quimioterapia, radioterapia, trastornos cardiorespiatorios, cirugía, traumatología, etc. y donde pude formar parte de las reuniones del personal sanitario. Básicamente se trabajaba con la guitarra, instrumentos Orff -anteriormente comentados- y la voz cantada. Recuerdo una sesión que hicimos con el objetivo de relajar al personal que trabajaba en el hospital en el área de quimioterapia y que también iba dirigido a todos los familiares o amigos que acompañan al paciente ya que suelen estar bastante intranquilos. Utilizábamos un tipo de terapia llamada EMT (Environmental Music Therapy) o lo que es lo mismo, musicoterapia ambiental que consiste en situarnos en un rincón de la sala de espera y aprovechar los ruidos que hay en la sala para incorporarlos con nuestras melodías. Realmente pudimos ver como pasados unos minutos la tensión que se vivía en la sala de espera decrecía.

En cuanto a las otras áreas, generalmente las sesiones eran de tipo individual donde se tocaban y cantaban sus canciones favoritas haciéndoles partícipes a ellos ya sea con maracas y/o cantando o con el instrumento que ellos elijan para que se distensaran, creen sentimientos positivos y tengan un espacio donde poder expresar cómo se sienten. Los instrumentos son elegidos según las necesidades. Por poner un ejemplo, con los pacientes con afecciones cardiorespiratorias, utilizábamos flautas o instrumentos de viento que nos permitió ver cómo mejoraba su respiración. Por otro lado, los pacientes con dolor crónico se utilizaban tambores para que se pudieran desahogar y, en la UCI de neonatología, no utilizábamos ningún tipo de instrumento sino sólo la voz y cantando muy bajito. Se podía ver como al cantar, el pulso de los neonatos bajaba considerablemente en las máquinas a las que estaban conectados.

Posteriormente, fui a Buenos Aires (Argentina) en un centro llamado "La Casita" bajo la dirección de Diana Guelar. Era un centro de TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria) para jóvenes adolescentes, donde se hacían sesiones individuales, grupales, también para los padres y tutores. En este caso, utilizábamos la musicoterapia para dos objetivos en concreto: relajar, utilizando básicamente guitarra y voz, pero en este caso voz hablada, haciendo una visualización, ya que son pacientes hiperexigentes consigo mismas y con alto grado de ansiedad y también, para promover el sentimiento de pertenencia al grupo, ya que son pacientes que se sienten muy solas e incomprendidas. El ejercicio fue el siguiente: cogimos la melodía de una canción muy conocida y ellas escribieron la letra de manera consensuada sobre cómo se sentían y qué representaba el grupo para ellas. En especial, recuerdo una sesión donde todas estaban muy tristes y deprimidas y la sesión grupal no avanzaba de la manera tradicional ya que nadie quería hablar. Entramos los musicoterapeutas, mis compañeros Raúl Santamaría y Abel Farré y logramos que acabaran la sesión riendo y que se olvidaran al menos durante un rato de sus problemas.

Para concluir, la musicoterapia es una ciencia que me ha ayudado mucho y me ha dado una salida terapéutica aplicada a pacientes que, con la terapia convencional, no conseguía acceder a ellos. Se diferencia de la educación musical en que aquí queremos lograr unos objetivos y no que las personas sepan tocar un instrumento o ser grandes cantantes. Crea una conexión emocional directa y rápida muy fuerte con el paciente y un espacio para poder expresar sentimientos sin el uso de la palabra. Como decía A. Bennett "La música es un lenguaje que sólo el alma entiende, pero que el alma nunca puede traducir".

Clàudia Martínez Llobet

Psicóloga. Especialista en Terapia Breve Estratégica y Musicoterapia.

Nº col.18228